Vergalijo

La aldea despoblada de Vergalijo, de la que todavía conservamos todas sus edificaciones, nos ha quedado hoy como ejemplo característico de finca agrícola de principios del siglo XX. En la actualidad se encuentra despoblada, y poco queda de su esplendor agrícola del pasado.

Fundada en 1904 por Felipe Modet, la aldea de Vergalijo se convirtió en una de las principales explotaciones agrícolas de Miranda. La tierra, antiguamente propiedad del Ayuntamiento pero vendida a mediados del siglo XIX para hacer frente a las deudas de la guerra carlista, fue primero comprada por el hacendado Nazario Carriquiri, cuya hija Raimunda vendería las propiedades al mencionado Felipe Modet. El nuevo dueño, modernizó la finca, explotando los molinos del río para producir electricidad, introduciendo maquinaria agrícola, diversificó los cultivos y construyó casas para que viviesen los colonos que trabajaban la tierra, además de su propia casa. Podemos identificar a Modet como el típico terrateniente de principios del siglo XX, que no se libró de los conflictos sociales que sucedieron en Miranda durante el primer tercio del siglo debido al conflicto de las corralizas, y que llevarían al terrateniente a solicitar un puesto de la guardia civil en Vergalijo. En 1920 vivían en la explotación más de 100 personas, entre empleados fijos y medieros (agricultores que cultivaban las tierras a cambio de una renta), formando todo un barrio que pertenecía a Miranda, a pesar de estar separado físicamente. Vergalijo disponía de escuela, iglesia, alumbrado eléctrico etc. Además también proporcionaba trabajo a jornaleros de Miranda.

A partir de los años 60 comienza el declive de la finca, cuando la mano de obra comienza a marcharse a las zonas industrializadas del País Vasco. Sin embargo durante los ochenta y los noventa, la aldea floreció de nuevo gracias a los trabajadores temporeros de Extremadura y Andalucía que llegaban a Vergalijo para la recogida del espárrago.

En la actualidad se encuentra despoblado, centrándose la explotación agrícola al cultivo del cereal y la ganadería. Entre los restos, todavía se puede contemplar la iglesia, los molinos junto al río y los edificios que en su momento albergaron a trabajadores y dueños de la finca.