Torre del Reloj

Situada junto a la iglesia y enlazando con la antigua muralla que rodeaba el pueblo, destaca una esbelta torre de estilo mudéjar, conocida popularmente como Torre del Reloj, al situar en su campanario el reloj público.

La presencia de arquitectura mudéjar en navarra, si bien no es extraña, es más habitual en localidades más meridionales de la Ribera. Sin embargo, desde el siglo VIII al X Miranda fue, con interrupciones, feudo de la dinastía de los Banu Qasi, y con posterioridad se ha registrado la presencia esporádica de moriscos en la localidad. No ha de extrañar por tanto la elección del estilo a la hora de construir la torre, teniendo en cuenta lo asequible del material y la perduración en la zona de estas técnicas constructivas y decorativas.

La torre consta de tres cuerpos bien diferenciados. El primero de ellos de planta cuadrangular sirve de soporte de la torre del reloj y el campanario, de un material que enlaza con la antigua muralla románica. Con una bóveda de medio cañón apuntada sirve de puerta y constituye una de las antiguas portaladas de acceso a la localidad, conocida como Portalejo. Los vanos que hoy en día podemos ver en este cuerpo, fueron cubiertos durante la tercera guerra carlista, para proteger de los posibles ataque de las tropas. Probablemente, en su día estuviesen decorados con vidrieras. El segundo cuerpo se trata de un cubo de ladrillo, prototípico del Mudéjar del siglo XVI, único ejemplar de torre de este estilo en la merindad de Tafalla. Destaca su decoración geométrica, consistente en cubrir los muros a base de rombos y arquillos ciegos realizados con ladrillos, provocando el contraste entre las zonas rehundidas y las salientes. Por último culmina la torre un campanario de planta octogonal, construido en una etapa posterior, con arcos de medio punto en sus ocho lados y rematado con una cubierta piramidal.

Históricamente la torre ha desempeñado una triple función. En primer lugar servía como reloj y campanario de la parroquia, útil en los días de niebla para guiar a los campesinos en su vuelta a casa tras el trabajo. En segundo lugar tenía la función militar, al servir como puesto de vigía y fortaleza, al encuadrarse en la muralla que rodeaba el municipio. Por último, también tenía la función urbanística de servir de acceso a la villa.

La conservación de la torre ha sido problemática ya desde sus inicios, encontrando labores de restauración desde el siglo XVII y XVIII, llegando hasta la última restauración en la última década, solucionando problemas de mantenimiento, reabriendo los vanos del primer cuerpo de la torre y facilitando el acceso al campanario y al reloj.

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